r/el/(h)a(r)to

He perdido la cuenta

                            de los días recostada

                                                                  en la dadirucso.

 

Dicen que fue un    a ñ o       .

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el cuerpo que reposa en mi cara

Duermo con la muerte, duermo con el odio y el amor, la esperanza del silencio y la ausencia.

No reconozco el adjetivo del torbellino que entre la existencia se cruza y transforma, cada día las lágrimas de las mañanas cruza los dedos de la muerte, y se ríen, todos se ríen.

Las noches lamentan las hojas de los árboles, los destellos de sol en sus rostros, lo rutilante de sus movimientos. La crisis de existir.

Nos miran, nadie puede hacer nada con los ojos que torturan la sangre de la carne, la saliva de las palabras y lo penetrante de los días.

Del orden y el caos, los bichos que se alimentan de mi carne, de tu carne tan viva.

De las tazas de café que reflejan cómo arde la brecha de los días y las melodías que cuestionan un día más en los ojos de la vida.

lavadora es femenino

Se sabe que para mi incontrolable manera de conducir las cosas, los jueves de lluvia son para lavar. Me levanté de la cálida cama con tres sábanas sobre un cuerpo etéreo que descansa cada noche junto a mí. Pensando absolutamente en nada, con la mente en automático, me dirigí a la cocina. El agradable y tierno parentesco pretérito de aquel cuerpo etéreo, estaba frente a la estufa picando los colores de la naturaleza dulce-acidulado. Y yo, después de abrir una bolsita de arroz instantáneo para alcanzar al tiempo, me miré las manos. Tan solo pude contemplar el enorme paso de mi adolescencia a lo que es ahora mi juventud, reflejada en forma de la tercera edad con pedazos de piel muerta en los dedos que gritaban lentamente que retuerza a la fría maraña de los años.