¿Qué es un Restaurador?

EVE Museografía

El propósito de la entrada de hoy es establecer las coordenadas básicas, los principios y requisitos, para entender más y mejor lo que es la profesión de restaurador/restauradora. En la mayoría de los países, la profesión de restaurador está aún por definir; todo aquel que restaura se denomina mecánicamente restaurador, independientemente de la extensión y profundidad de su formación. Vamos a intentar aclarar hoy este tema con la ayuda del ICOM CC (Comité para la Conservación).

Thomas Robson en PICDIT

La preocupación por la ética y estándares relacionados con los profesionales que están en contacto con los objetos históricos, incluyendo a los propietarios de estos objetos, ha dado lugar a varios intentos para definir la profesión con rigor, intentando crear un distingo con profesiones afines y/o relacionadas, y establecer así los requisitos de formación adecuados. Otras profesiones, como la de doctor en medicina, abogado, arquitecto, etcétera, han pasado por una fase de auto-examen, disponiendo de una definición concreta en cada una de sus…

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¿Qué es Museología Comunitaria?

Excelente ❤

EVE Museografía

Alguien un día mencionó que la nueva museología se había convertido en una “vieja dama”. Ocurrió a mediados de los años 90, casi hace 30 años, desde que el mundo de los museos se vio sacudido por iniciativas progresistas, con la aparición de profesionales que lucharon para crear mejores condiciones para que las comunidades locales tomaran control de su futuro trabajando y comprometiéndose con el patrimonio. Los ecomuseos, museos comunitarios y museos locales se han multiplicado desde entonces en países como Francia, Canadá, España, Portugal y México. Eran y son instituciones con sus propias especificaciones, pero compartían mucho en común: el concepto de museo integral adoptado en la Mesa Redonda de Santiago de Chile de 1972; una visión política basada en enfoques de base y desarrollo comunitario.

Michael Reeder en PICDIT

El espíritu del educador del brasileño Paulo Freire, que abogaba por la concienciación de los hombres, mucho antes de que se desarrollara el concepto de…

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vacía(r) la casa que se desploma

Tanta particularidad en la mano que todo lo escribe, las letras que tanto juguetean formando poesías, pensamientos, palabras que reflejan cada partícula de su existencia. Me enamoró tanto como el petricor de los suelos a las narices, sin saber a que nivel, sin ver a que distancia, la pasión resbalo al infinito y me desplomé. Me desplomé entre sus labios plastilina rosa como los rosales en primavera, entre sus ojos de misterio sabor café dulce-acidulado que cuentan historias sin terminar, en un cuerpo circense que resalta la victoria de las batallas. Me desplomé en la antagonia de las ideas y de los cuerpos, de la veracidad de la realidad y de otros mundos que lloro con la sal que escurren por rostros grisáceos de miedo. Miedo a dilucidar el entramado de los caminos, miedo a las historias incompletas que quiero contar, miedo a helar lo que un día fue, miedo a que los recuerdos se pierdan entre la memoria que no va solemnizar la fuerza del amor, miedo a sonreír con otra razón de ser y vaciar la casa que se desploma por el miedo a despertar sin ella.

los dibujos de la cabeza

El arte embellecía las desgracias sociales los años anteriores. Caminará por la incubadora, hoy, mañana, y lo que resta de su existencia hacía la sangre de las ciencias sociales. No nació con las venas congeladas como otros, por tanto los volcanes que sostiene están condenados a la jurisdicción. Y es que la órbita de su mirada corre para gatear, es la incisión de la duda, es la altura de la montaña y lo llano del cuestionamiento. Podría dibujar sonrisas cotidianamente, pero las venas siguen congeladas, al fin no importa, la felicidad existe en el iceberg de las crisis sociales, en la confusión de los días y las pinceladas de acuarelas que esperan el fin de la gestión.

el cuerpo que reposa en mi cara

Duermo con la muerte, duermo con el odio y el amor, la esperanza del silencio y la ausencia, ¿habría de tomar el camino hacía la furia que el llanto especula? Ni yo misma reconozco el adjetivo del torbellino que entre mi existencia se cruza y transforma, cada día las lágrimas de las mañanas cruza los dedos de la muerte, y se ríen, todos se ríen. Las noches lamentan las hojas de los árboles, los destellos de sol en sus rostros, lo rutilante de sus movimientos, la crisis de existir, la crisis de las crisis… Nos miran, nadie puede hacer nada con los ojos que torturan la sangre de la carne, la saliva de las palabras y lo penetrante de los días. El orden y el caos, los bichos que se alimentan de mi carne, de tu carne tan viva, de las tazas de café que reflejan cómo arde la brecha de los días y las melodías que cuestionan un día más en los ojos de la vida.

insomnio de calor y mosquitos

Muchas cosas pueden pasar en un año, situaciones como el encontrar el camino de lo que realmente activa todos tus sentidos después de tres años de búsqueda, encontrar la carrera que es la clave para ser lo que siempre has querido, terminar una relación de siete años, tener un gato nuevo, tener solo un par de zapatos por 365 días, odiar los jeans, amar los vestidos, tener solo atún en la alacena, estar desaliñada sin importar nada más que el día en que puedas dormir tus 8 horas, nuevos amores, ojeras rebeldes, caídas de cabello más abundantes, viajes inesperados de mochila, nuevo disco de Radiohead en los días, entre otros descubrimientos.

tumblr 2012

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Desperté haciéndome creer que estaba soñando con despertar para que el proceso no fuera tan somnoliento. Fue en automático. Abrí los ojos, me levante de la cama. El frío que abrazaba la mañana me llevo a quitarme la pijama de manera estupefacta. La piel se me erizo, temblé. Me puse los fríos Jeans, la piel se me erizo, temblé. Me puse la blusa morada de mangas largas, temblé. Los tenis, temblé. El suéter, la bufanda, el gorro y me fui a cepillar los dientes rápidamente para que mi sueño irreal no se escabullera. Pensé seriamente mientras cepillaba mis dientes que solo por está mañana no dejaría acariciar mi rostro por el agua, por el bien de mi irreal sueño. Pero lo pensé demasiado, y cuando menos lo espere, ya lo estaba haciendo.

Entonces desperté y estaba con el rostro mojado, mirando fijamente al espejo del baño, como si intentara confesar algo. Salí rápidamente del baño. Preocupada por la hora, corrí hacía mi habitación, y mi toalla se encargo de vencer las caricias del agua. Agarre mi mochila, metí el Ipod, mi celular, mis pasteles, mi libro, mi cartera y dentro de la cartera los únicos 100 pesos que me quedaban para el día. Mientras tanto, la luz decidió jugar a las escondidas así que no pude calentar el desayuno y partí sin desayunar.

Caminaba para ir a tomar un camión que me llevara al metro, iba amenazando a mi nariz y garganta para que no estuvieran llamando la atención del publico. Después de aquellas amenazas, fui repasando mis gastos del día escolar. Camión, Metro, Modelos, Metro, Camión, otro Camión, un chocolate; $70 pesos. Parecía que el cielo soplaba solo en mí. Mis mejillas y nariz se vistieron de rojo y mis dientes tenían una fuerte lucha entre ellos, los de arriba con los de abajo, ocasionando una melodía un poco efusiva. A lo lejos con mi pésima vista pude descifrar que decía “Chapultepec”. Hice la parada y me subí.

Me senté junto a la ventanilla, me puse cómoda en el viejo asiento y saque de mi mochila un libro. Me esperaba un largo camino, como cada día de escuela, como cada mañana en la Ciudad de México, en donde el tráfico se eleva a la máxima de las potencias por cráneo Defeño. Ya en pose de “voy a leer por dos horas”, inicie la lectura pausada de la noche pasada. Y leí, y leí y mis ojos desvanecían letras, palabras, hojas enteras. Me dirigí a la salida del camión al percatarme de que había llegado al metro gracias a una voz bastante femenina gritando “fíjate pendejo”. Guarde mi libro. Baje, entre al metro.

Después de haber practicado un poco de Fútbol Americano con unas cuantas tacleadas al  intentar entrar al vagón y después de haber reencarnado en aquel cochecito de un viejo video juego, en el cual avanzando en sentido contrario tenias que esquivar a otros a una velocidad alta sin chocar porque sino perdías… Sana y salva salí del metro y me dirigí a la escuela corriendo por el Zócalo.

No tengo idea de como sucedió, pero en cinco minutos ya estaba en San Carlos. Mientras ingresaba, sacaba mi credencial de estudiante, como de costumbre sin importarle mucho al sindicato absolutamente nada, la de seguridad, le echo un rápido vistazo. Guarde la credencial en mi bolso y saque mi celular para mirar la hora y estar al día del día. En ese momento me toma de sorpresa la hora y me di cuenta de que faltaban 10 minutos para que mi primera clase iniciara. Todo el camino había pensado que iba retrasada. En la entrada había una exposición de dibujismos. Las mire todas de reojo rápidamente, pero sinceramente no me tome la molestia de mirar cada una con detenimiento porque me sentía demasiado orgullosa de estar en la escuela antes de que inicie mi clase (siempre llegaba tarde), así que subí al segundo piso y me dirigí a el salón.

Al llegar, claramente y evidentemente, yo era la única alma en aquel piso. Nadie había llegado. Ni mi maestro, ni mis compañeros, ni las modelos, ni las hormigas, ni las moscas, ni mi realidad. Me senté a un lado de la ventana que me da una vista al corredor y me percate de que mis compañeros se iban acumulando en el primer piso. Platicaban, reían. Y yo, sentada tras aquella ventana, pensaba mientras me seducía Medeski, Scofield, Martin and Wood. En ese momento tan intimo, mi concierto interno es interrumpido al contar con la presencia de una de las modelos. La segunda alma en el segundo piso. Me da los buenos días y me pregunta: “¿POR QUÉ ESTÁS TAN SOLITA AQUÍ? TUS COMPAÑEROS ESTÁN ALLÍ ABAJO CHARLANDO” – mirando con ojos de intriga y rareza. Me hace pensar tanto en tan miserable tiempo, su pregunta me carcome hasta las ultimas letras de mi anécdota y hasta los últimos pensamientos y análisis de mi futura respuesta. Se sienta a un lado mío a esperar a que alguien se digne a abrir el salón, y mientras se maquilla empieza a contar su dramática y por ende, interesante vida.

La clase empezó cincuenta minutos después, cuando por fin, después de mucho tiempo había llegado temprano a clase, está empieza cincuenta minutos después, cincuenta. A partir de esa cruel experiencia (y recalco “cruel”, porque son 4 hrs. de mi casa a San Carlos), lo único que me resta es ir a tomar un chocolate caliente con el Karma o con la mala suerte.